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Oportunidad tecnológica. Desafío agronómico
30-03-26 | Horizonte A
Autor: Ing. Agr. (Esp.) Facundo Menta
La irrupción de nuevas tecnologías obliga a repensar criterios para asegurar eficiencia y seguridad en nuestros tratamientos de control. En los sistemas productivos argentinos, las pulverizaciones con tasas reducidas de aplicación (< a 20 lts/ha) han tenido históricamente un rol secundario, asociadas principalmente a insecticidas y fungicidas en cultivos desarrollados. Sin embargo, este escenario está cambiando rápidamente. La aparición de nuevas plataformas, particularmente los drones agrícolas, está impulsando el uso de volúmenes significativamente más bajos también en herbicidas, tanto en tratamientos preemergentes como postemergentes. Esto abre una oportunidad concreta para mejorar la eficiencia operativa y la precisión, pero también plantea desafíos técnicos que no pueden ser ignorados.
Drones: precisión operativa vs. complejidad técnica
Los drones agrícolas representan una herramienta de alto potencial: permiten ingresar al lote en condiciones donde un equipo terrestre en muchos casos no puede, mejoran la oportunidad de aplicación, reducen la compactación y facilitan tratamientos localizados, entre otras ventajas. Sin embargo, incorporan nuevas variables críticas: volúmenes extremadamente bajos (frecuentemente menores a 15 lts/ha), una dinámica distinta de deposición de gotas, la influencia del flujo de aire de las hélices de propulsión y una mayor sensibilidad a las condiciones ambientales. Esto exige un cambio de enfoque: no se trata de adaptar recetas de pulverización terrestre, sino de desarrollar criterios específicos para esta tecnología.
“Uno de los puntos críticos en bajo volumen es la relación entre cobertura y deriva”
Comparación de tecnologías de aplicación
En las figuras 1 y 2, se observan tarjetas hidrosensibles generadas mediante dron y pulverizador terrestre autopropulsado, ambos configuradas para lograr resultados muy similares en cuanto a cobertura y tamaño de gota. A primera vista, los valores son comparables… pero cuando miramos el “cómo”, aparece lo interesante. En la pulverizadora terrestre se utilizó una configuración, si se quiere, extrema: boquillas cono hueco 0075 (rosa), 1 metro de distancia entre picos, y digamos que con una alta exigencia operativa para alcanzar ese nivel de cobertura. Esto nos deja un mensaje claro. Para equiparar el trabajo “cómodo” del dron, la pulverización terrestre necesita llevar su tecnología y regulación al límite. Este paralelismo debería invitarnos a reflexionar: los drones pulverizadores ya no son el futuro… son el presente. Y nos están exigiendo “estar a la altura” de manera inmediata.
El rol del tamaño de gota y el riesgo de deriva
Uno de los puntos críticos en bajo volumen es la relación entre cobertura y deriva. Para compensar la menor tasa de aplicación, suele recurrirse a gotas más pequeñas, lo que mejora la densidad de impactos pero incrementa el riesgo de deriva. Se plantea así un dilema técnico central:
Gotas pequeñas → mayor cobertura, mayor riesgo de exo-deriva.
Gotas grandes → menor exo-deriva, posible déficit de cobertura.
Dentro de este esquema, la calidad de aplicación deja de ser un diferencial y pasa a ser el factor que define el resultado. En la búsqueda del equilibrio, las condiciones ambientales, el uso estratégico de coadyuvantes, el micronaje seleccionado en joystick según la tasa de aplicación deseada, la velocidad de avance, y la altura de vuelo en relación con el ancho de faja de trabajo, resultarán determinantes. Cada uno de estos factores impactará directamente en la eficacia biológica del tratamiento.
Capacitación y criterio: la verdadera clave
La adopción tecnológica por sí sola no garantiza buenos resultados. El uso de herbicidas en bajo volumen requiere conocimiento técnico, comprensión del modo de acción de los productos, capacidad de ajuste a cada situación y responsabilidad en la toma de decisiones. Una mala aplicación no solo compromete el control de malezas, sino que también puede generar deriva, fitotoxicidad y pérdida de eficacia de las herramientas químicas en el tiempo.
Conclusión: una oportunidad que exige profesionalismo
El avance de las aplicaciones en bajo volumen, impulsado por tecnologías como los drones, marca un punto de inflexión en la protección de cultivos. La oportunidad es clara: mayor eficiencia, mejor logística y más precisión. El desafío, también: sostener niveles de eficiencia y seguridad en un esquema técnicamente más exigente. El futuro de las aplicaciones ya está en marcha. La diferencia no la hará la tecnología en sí, sino la capacidad de utilizarla con criterio agronómico, capacitación y responsabilidad.
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